Julia Toja

Julia Toja

Universidad de Sevilla

La restauración de ecosistemas. Integración de los factores de presión ecológicos y socioeconómicos en los modelos conceptuales para una gestión adaptativa


La restauración de ecosistemas, lo mismo que cualquier gestión de los mismos, tiene un alto grado de incertidumbre, debido a la gran cantidad de procesos implicados que actúan con distintas escalas espacio-temporales. Por lo tanto, es necesario aplicar un sistema de manejo adaptativo, que permita reaccionar de forma efectiva y, así, ir avanzando de forma continuada en la comprensión de las condiciones que se van dando en el ecosistema, para conseguir una gestión que se vaya adaptando de forma flexible a cambios y sorpresas. 

Se pueden construir modelos conceptuales que sirvan de base para el desarrollo de un plan adaptativo en la evolución de las medidas que se vayan tomando. Este modelo debe incluir 1) Una introducción de la dinámica y de los problemas del ecosistema; 2) Una descripción de los impulsores del cambio, de los factores de tensión y de los atributos; 3) Los efectos ecológicos, incluyendo la descripción de las principales relaciones ecológicas afectadas por los factores de tensión: Un conjunto inicial de medidas que se irán modificando en función de la respuesta del ecosistema y 5) la integración del hombre como un elemento más.

Pero en muchos casos, se plantea la cuestión de hasta donde debe llegar la restauración. ¿Hasta reproducir el ecosistema original?. Pero, en muchos casos, o no hay datos de cómo era el ecosistema original o, aunque se sepa, la transformación ha sido de tal calibre o es tan grande la resistencia de la población humana implicada, que es imposible su consecución. Por lo tanto, actualmente se habla más de ecosistemas “emergentes”, es decir, construir un ecosistema que mantenga una serie de procesos, funciones y elementos estructurales de alto valor intrínseco e utilitario, capaces de hacer frente a un entorno hostil. 

Para conseguirlo es precisa la actuación conjunta de los investigadores que informen sobre el funcionamiento del ecosistema, de los habitantes de la zona que acepten el cambio y las distintas Administraciones implicadas. Desgraciadamente, en la mayoría de los casos falta esta colaboración, salvo que se den circunstancias especiales. Un caso en el que si se ha llegado a una gestión efectiva ha sido la creación del “Corredor Verde Del Guadiamar” ecosistema emergente, creado a raíz de un accidente minero ocurrido en la cuenca.

Walter Pengue

Walter Pengue

Doctor en Agroecología - Profesor Titular del Area de Ecología (Universidad Nacional de General Sarmiento)

La Economía Ecológica, los Recursos de Base y la Agricultura: Un enfoque global

 

La agricultura moderna ha cambiado la faz de la tierra.  En poco menos de 10.000 años, las principales transformaciones en el uso del suelo se han debido a la demanda de tierras con fines agrícolas, la expansión humana sobre el globo y un estilo de desarrollo emergente que en el presente siglo, ha derivado en un consumismo exacerbado. 

Las tensiones biofísicas y sociales no se han hecho esperar y hoy en día los indicadores globales, en especial, los vinculados, con los suelos, el agua y la biodiversidad están mostrando llegar a niveles de insustentabilidad planetaria, con una creciente y constante presión por estos recursos naturales. En general, en todos los continentes se produjo un aumento en el consumo de materiales, tanto en valores absolutos como per cápita.

América Latina aumentó su demanda de materiales entre 1980 y el año 2008 de 12,7 a 15,6 toneladas por persona, y un consumo de 3.100 millones de toneladas a 6.000 millones de toneladas para el mismo período por año.

En el mismo período, la economía china pasó de 4.700 millones de toneladas de materiales a 21.100 millones de toneladas, con un aumento del consumo per cápita de 4,1 a 13,8 toneladas. La India tuvo un proceso de crecimiento con una demanda algo menor, pasando de 2.500 millones de toneladas a 4.000 millones, con un aumento por individuo de 2,5 toneladas a 4 toneladas. En Europa, el consumo de materiales pasó de 8.000 millones de toneladas en 1980 a 9.300 millones de toneladas en 2008. El promedio per cápita pasó de 31,7 a 27,5 toneladas. 

Estas economías son las que demandan productos primarios de América Latina, impulsando las tasas de extracción. Por ejemplo, la demanda global de tierra para la producción de distintos bienes alcanzó las 88 millones de km2. El 21% de estas tierras provinieron de África, pero de estas solo el 16% se utilizó para satisfacer la demanda propia, mientras que el 15% restante apuntó a la satisfacción de bienes exportables, especialmente a Europa. Le siguieron como grandes exportadores de tierra (tierra virtual) (en términos de su uso para la producción), Canadá, Australia y América Latina, los grandes jugadores de la producción primaria agropecuaria. 

Si la tierra está bajo presión, el agua dulce disponible tensiona la satisfacción de las distintas demandas de modo inusitado y con un horizonte muy cercano, el 2030. 

Además de estos flujos físicos de materiales, existe un conjunto de invisibles e intangibles que la agricultura mundial ni nacional valoran o no consideran, pero cuyos impactos prevén escenarios limitados para la misma, incluyendo en el análisis la mayoría de los escenarios actuales disponibles.  La agricultura del futuro, para sostenerse en el mundo, deberá cambiar drásticamente. 

Se analizan en esta presentación, la situación actual de los recursos suelo, agua y biodiversidad, su relación con la agricultura industrial actual y un breve análisis de alternativas productivas sustentables a implementar antes del colapso. 

Alicia Irene Bugallo

Alicia Irene Bugallo

Doctora en Filosofía - Docente de seminarios de Doctorado en Filosofía Ambiental (UNLa, UCA, UBA, UM)

Antropocentrismo débil y sostenimiento del sistema vital biosférico; perspectivas desde la filosofía ambiental

 

La emergencia de la filosofía ambiental desde mediados del siglo pasado, se ubica en el horizonte de un cambio histórico sin precedentes: el reconocimiento de la vulnerabilidad del soporte vital biosférico ante la actividad antrópica en conjunto. Al mismo tiempo, coincide con la expansión de la perspectiva ecosistémica y un intento de superación de la dicotomía  tajante ‘naturaleza-cultura’.  El ambientalismo científico aporta  a la reflexión filosófica una captación más integradora de los procesos biosféricos que permiten y sostienes la diversidad biocultural de la que formamos parte. Por su parte, la ecofilosofía aporta una reconsideración del antropocentrismo tradicional, bajo la forma de un antropocentrismo débil criterioso y prudencial, que podría guiarnos de modo preferible ante los desafíos de la problemática ambiental global en la era del Antropoceno. En particular, cuando ya detectamos alteraciones  significativas en usos del suelo y del agua, y ante el riesgo de algunos parámetros ambientales considerados en situación de translimitación ecológica. En el contexto de este congreso, destacamos también el valor de un diálogo necesario entre lo científico y lo humanístico; lo cual nos exige una actitud desdisciplinada, no confinada, abierta a los saberes del otro, en una real práctica de la interdisciplina